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La incertidumbre en tiempos de pandemia, se ha instalado en nuestras vidas a la par que el inconmesurable cambio hacia nuevos tiempos, valores y comportamientos.

La humanidad, aletargada por la impresión de un nuevo, feroz e imprevisible agente llamado “Coronavirus o Covid-19”.

Llegó sigiloso, bajo las sombras del bienestar y la inconsciencia de nuestra fragilidad; llegó para quedarse, para ponernos en jaque a todos, sea cual sea nuestro estatus social, económico o racial. La humanidad está a prueba.

Vivimos un presente histórico, un hito en el que todos somos testigos y del que todos participamos de una u otra forma. De repente, el mundo se detuvo, pero poco a poco vuelve a rugir la selva de la vida.

El motor económico se va reactivando discretamente tras el período de hibernación, y para ello es imprescindible la actuación e implicación de las autoridades estatales y europeas.

Desde Bruselas actuarán a través de un plan urgente contra la crisis de la pandemia. La Comisión Europea tiene previsto dar un fuerte impulso a la recuperación, financiando con un fondo de hasta 1,6 billones de euros el sector de la construcción y las renovables.

Sin duda alguna, una inyección necesaria que, además, va a poner en la vanguardia la necesidad y urgencia de rehabilitar viviendas y edificios públicos.

El plan de recuperación económica que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha presentado, está pendiente de aprobación durante este mes de mayo. El texto, va evidenciar el protagonismo de la construcción y las energías renovables, en un momento crucial para el avance bruscamente detenido por el parón pandémico.

Las ayudas y préstamos, previstos desde Bruselas para paliar la crisis con el impulso de estos sectores, se van a dirigir hacia los proyectos con más visión de futuro dentro del encaje medioambiental y digital.

La conveniencia e importancia primordial de este plan, es el de mitigar la alta posibilidad existente de una depresión económica, fruto de la potente inactividad como consecuencia de la pandemia.

El documento incluye la lista de áreas prioritarias donde se puede actuar con mayor potencial. En su esencia fusiona los planes existentes previos a la pandemia; el Pacto Verde y la Agenda Digital, junto con un programa de recuperación cuya principal finalidad es la de concentrar la inversión en áreas y actividades con un futuro sostenible.

Desde Bruselas, consideran que existen múltiples proyectos digitales e inversiones verdes, que, a pesar de estar en un momento de madurez, necesitan un impulso para despegar. Bajo esta premisa, abogan por una primera fase de entre 12 y 24 meses que favorecería las actividades relacionadas con la construcción, entre otras.

Las áreas prioritarias para una intervención de fondos públicos y privados parte de la llamada “ola de renovación” inmobiliaria, actuación para la que se van a invertir hasta 250.000 millones de euros anuales, sin duda alguna una inversión sin precedentes.

Estudios especializados concluyen que “los edificios son los mayores consumidores de energía en la UE, y son responsables del 36% de las emisiones de gases con efecto invernadero”. Además, se incide en que el 75% del parque inmobiliario se construyó antes de que las primeras directrices sobre eficiencia energética entraran en vigor.

También se ha tenido en cuenta para la redacción del texto del plan de renovación, que el 80% de esos edificios construidos previamente a la normativa medioambiental vigente, seguirán en pie en 2050. Fecha que la UE se ha marcado como objetivo para alcanzar la neutralidad en emisiones, concluyendo el texto de la Comisión con la siguiente afirmación: “La necesidad de una rehabilitación generalizada está clara”.

Bruselas ha calculado que la oleada de rehabilitaciones deberá impulsarse con fondos públicos por valor de 50.000 millones de euros anuales. El plan incluiría subsidios a fondo perdido tanto a particulares como a ayuntamientos.

Colateralmente, la prioridad de rehabilitar viviendas, generará puestos de trabajo que no se podrán deslocalizar, dado que se requerirá de mano de obra y especialistas de proximidad para poder abastecer la demanda constructiva de forma eficaz e inmediata.

No obstante, la aprobación del texto de renovación por parte de la Comisión Europea, no está exenta de duras negociaciones entre socios de la UE, con Alemania y Países Bajos amparados bajo el paraguas de la resistencia a cualquier trasvase financiero. Mientras tanto, Francia, Italia y España argumentan y reclaman fórmulas de mutualidad, para poder hacer frente a la potencial factura que dejará la crisis de la pandemia.

Como conclusión, hacemos referencia a la necesidad previa y posterior al momento de excepcionalidad actual, de adecuar viviendas y edificios públicos a las nuevas normativas y requerimientos medioambientales. La rehabilitación que transformará edificios contaminantes, en edificios energéticamente eficientes es una urgencia que se ha visto reforzada por una crisis que nada ni nadie pudo prever.

 

Autora artículo: Marga Vázquez.

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