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A la hora de hablar de un sistema SATE, resulta inevitable detenerse en el aislante térmico como elemento principal del mismo ya que supone la pieza que proporcionará las cualidades de mejora en este tipo de intervenciones.

El objetivo consiste en dar una solución a la situación precaria, desde el punto energético, en la que se encuentra una gran mayoría del parque de viviendas actual. Por lo general se habla siempre de la aplicación de este ámbito de soluciones en viviendas debido a que por un lado, suele tratarse de edificios con cerramientos de muros de fábrica o materiales similares, y por otro, existe un gran número de ellas con este problema; lo que hace que se tienda a generalizar. A pesar de esto, esta situación puede aplicarse a cualquier tipo de edificio de características siempre y cuando posibiliten el desarrollo de la aplicación.

La estrategia consiste en crear una nueva piel exterior de aislamiento térmico continuo que se coloca sobre el cerramiento existente. Esta nueva piel le proporcionará las cualidades necesarias como para hacer al edificio competente frente a las exigencias de transmitancia que se recogen en la nueva normativa.

Una vez que tenemos claro de qué forma se va a actuar, resulta mucho más fácil pensar en un tipo de material de revestimiento con el que llevar a cabo estas intervenciones. Al tratarse de distintas capas que se sujetan sobre un cerramiento existente, y que por lo general no  es portante, primarán elementos que con espesores reducidos (con la consiguiente reducción de peso que eso conlleva, tanto para el cerramiento como para el propio sistema) consigan las características de transmitancia térmica necesarias frente a otros que dificulten (por este mismo motivo) su propia aplicación y sujeción.

Ahora bien, ¿cómo podemos saber qué tipo de material puede aportar estas cualidades? Y sobre todo ¿qué espesor es el adecuado para proporcionar una mejora en el comportamiento higrotérmico del cerramiento? Es aquí cuando podemos recurrir a la normativa que define una serie de conceptos para cuantificar esta mejora y de este modo obtener un criterio objetivo:

El Código Técnico de la Edificación incorpora un Documento de Apoyo al de Ahorro de Energía, DA DB HE/1, en el que se especifica el proceso y los parámetros que intervienen en el cálculo y que además, nos muestra diversas pautas y soluciones a la hora de actuar. Una vez que manejamos esta normativa, nos encontramos con una serie de definiciones y conceptos que nos permiten resolver el problema con un sencillo cálculo.

En primer lugar, se define lo que llaman la transmitancia térmica (U). Este valor  se expresa en W/m2 K y fija el límite que el nuevo cerramiento debe alcanzar. Varía según la zona climática en la que estemos actuando (los valores que nuestra intervención deba alcanzar no serán los mismos en una zona costera de clima suave que en una de interior donde exista una diferencia de temperaturas más extrema). Un valor alto de transmitancia térmica  supondrá que el flujo de calor entre el exterior y el interior de nuestro cerramiento es mayor y por tanto que térmicamente hablando se comportará peor.

La transmitancia térmica viene definida por ser la inversa de la Resistencia Térmica Total (RT) del componente constructivo. Este término, que se expresa en m2 K /W, refleja a través de un valor el comportamiento térmico de un elemento o sistema constructivo heterogéneo, ya que resulta de sumar la Resistencia Térmica de cada uno de sus componentes a las Resistencias Térmicas Superficiales, que se definen en la tabla 1 del DA DB HE /1 y que dependen de la posición y geometría del cerramiento. Es así como de una manera sistemática y realmente precisa, podemos manejar valores de intervenciones en las que se utilicen varios elementos con comportamientos térmicos diferentes.

Ya hemos analizado cómo reflejar a través de un cálculo el comportamiento de estructuras heterogéneas, llegados a este punto nos quedaría analizar el comportamiento de un elemento en concreto dentro de estos sistemas para establecer de una manera analítica, tal y como se decía anteriormente, la importancia de las cualidades que aportan los materiales de aislamiento.

Para analizar el comportamiento individual de un material dentro de uno de estos cerramientos, debemos calcular su Resistencia Térmica. Este valor depende de dos características fundamentales y se calcula al dividir el Espesor del Material, e [m] (a un mayor espesor, obtendremos una mayor resistencia térmica), entre la Conductividad Térmica de Diseño del material (λ). Éste término es una propiedad intrínseca de cada material y es aquí donde los materiales aislantes reflejan su efectividad, viene definido de manera genérica por la EN 10456:2012 o en casos concretos por cada fabricante en su documentación técnica.

En resumen; cuanto mayor sea el espesor y menor la Conductividad Térmica en un material, obtendremos una resistencia térmica mayor, lo que nos permitirá reducir la transmitancia total del cerramiento.

Una vez definidas estas características, resulta más sencillo establecer una comparación entre diversos tipos de materiales de aislamiento térmico de tal forma que podamos obtener unas pautas objetivas en cuanto a comportamiento, colocación y prestaciones.

Para ello definiremos los tipos de aislantes más comunes según composición química y método de fabricación:

Partiendo de la base de que el CTE considera material de aislamiento a los que presentan un coeficiente de conductividad térmica  λ inferior a 0.085 definimos los siguientes materiales:

 

Poliestireno Expandido (EPS):

Es un material derivado del poliestireno utilizado en el ámbito de la construcción como aligerante y aislante térmico. Presenta un coeficiente de Conductividad Térmica (λ) que oscila entre  0.029 y 0.041 dependiendo del producto y del fabricante.

Para los sistemas SATE se comercializa en planchas entre 30 y 150 mm que se fijan con mortero y medios mecánicos. Resulta un tipo de material realmente ventajoso ya que cuenta con la densidad más baja en este tipo de aislantes (de 10 a 40 kg/m3 según fabricante y producto) conservando un buen coeficiente de Conductividad Térmica.

 

Poliestireno Extruido (XPS):

Es una espuma rígida resultante de la extrusión del poliestireno y utilizado básicamente  como producto para aislante. Presenta unas características de resistencias mecánicas superiores al resto de materiales de este tipo aunque por contra resulta más pesado que el EPS.

Cuenta con un coeficiente de Conductividad Térmica (λ) entre 0.034 y 0.042. Se comercializa en planchas que se adhieren por medios mecánicos o con mortero.

 

Placas de Lana Mineral (MW):

Es un material de origen volcánico que se utiliza para protección contra incendios, aislamiento acústico y aislamiento térmico. Cuenta con un coeficiente de Conductividad Térmica (λ) que oscila entre; 0.031 a 0.050 según fabricante. Se comercializa en planchas y se fija con medios mecánicos.

En definitiva, contamos con una gran variedad de aislante que harán que las decisiones que los proyectistas y prescriptores puedan tomar se adapten a la versatilidad de las exigencias de sus proyectos, según se requiera mayor transmitancia, un precio más económico o una sobrecarga menor del cerramiento existente.

El conocimiento del comportamiento general de estas soluciones así como de sus particularidades es lo que marcará la diferencia para una solución acertada en materia de Sistemas de Aislamiento Térmico por el Exterior.

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